viernes, 8 de febrero de 2013

Cupido y Psique (I)





Y luego llamó a Cupido, aquel su hijo con alas, que es asaz temerario y osado;
 el cual, con sus malas costumbres, menospreciada la autoridad pública, 
armado con saetas y llamas de amor, discurriendo de noche por las casas ajenas, 
corrompe los casamientos de todos y sin pena ninguna comete tantas maldades
 que cosa buena no hace.
[...]
Entre tanto, la doncella Psiches, con su hermosura, sola para sí, ningún fruto recibía de ella.
Todos la miraban y todos la alababan; pero ninguno que fuese rey ni de sangre real, 
ni aun siquiera del pueblo, la llegó a pedir, diciendo que se quería casar con ella.
Maravillábanse de ver su divina hermosura, pero maravillábanse
como quien ve una estatua pulidamente fabricada
Fábula de Cupido y Psique. Las Metamorfosis o el Asno de Oro. Apuleyo


Introducción

.....Rompiendo, como ocasionalmente hago, la norma que en este santo espacio de continuo vengo en observar (y que consiste en consignar textos propios -o de Héctor Amado, que para el caso tanto da-, con la ocasional o circunstancial adición de breves citas), el texto que va a ser el músculo y la molla de los siguientes posts procede de una espléndida obra ajena: Las Metamorfosis o El Asno de Oro, de Apuleyo.
Mucho me he pensado glosar esta propuesta con obra personal, bien en prosa, bien en verso, bien ensayo, bien ficción, bien romance. Me he resistido a la tentación autógrafa, no obstante, dado que la obra original posee tal encanto que fútil me ha parecido contar, posiblemente, peor lo que allí bien se cuenta (algo que no creyó el gabacho fabulista por antonomasia, Jean de Lafontaine --más dotado que yo de ingenio, por otra parte. Aún así, prefiero la latina versión de Apuleyo que la más engolada y libertina del francés).
Declaración de intenciones es la forma en que Lucio Apuleyo presenta, en primera persona, una obra que escrita en prosa milesia (como el propio autor reconoce al principio) pretende ser una crítica al orden social establecido en su época (no pocas alusiones a las leyes basadas en el derecho romano se encuentran diseminadas, de forma dispersa, a lo largo de todo el texto). Esta forma no es otra que la novela picaresca, en la que el protagonista, llamado Lucio, se metamorfosea a sí mismo en asno por artes mánticas torpemente aplicadas. Con lo cual, proclamándose locuaz y cuentista burro, se coloca en una inusual perspectiva, desde la que sentirse legitimado para la crítica mordaz.

Se tiene al Asno de Oro como novela enraizada en el género novelístico griego que recoge tanto la vertiente de aventuras como la amorosa. Un acierto es esta prosa milesia, la cual "se caracterizaba por la frescura y ligereza del lenguaje, la rapidez y la variedad de las situaciones costumbristas que describe, y por un cierto aire de erotismo". Esta ligereza le permite al autor el desenfado y la desdramatización de las situaciones, desmochando las puntas y malhiriendo los filos que la obra contiene, más por no herirse a sí mismo que por las heridas que a los demás hubiere de producir.
Como ya he apuntado en un paréntesis anterior, Lafontaine la reescribiría traspasado el ecuador del siglo XVII, a punto de alumbrarse el florido rococó. Pero à mon avis, en nada mejoró el original, sino que hizo otra cosa distinta, más boccacciana y dialogante.
Es por ello, quizá, que se asimila El Asno de Oro más a nuestra áurea novelesca. Hay quien lo compara con el Lazarillo (con su segunda parte). Y esta asimilación la libra de cualquier intento de profanación varietal. Contra lo que pueda hoy parecer, no es el español pueblo dado a enmendar lo ya bien hecho y a plagiar lo excelente privándolo del inconfundible y fresco aroma del ingenio para sustituirlo por el empalagoso de la mediocridad, y salirse de rositas en el intento. Si no que se lo pregunten a Don Miguel, ante la afrenta del enigmático Alonso Fernández de Avellaneda, que, sin ser éste tan mediocre, tiritando lo dejó aquél con una segunda parte del Quijote, donde el genio rebrotaba de sí mismo para crecer exuberante y ocultar con su fronda el voluntarioso, mas raquítico por vulgar, plagio apócrifo.

En fin, aquí transcribo tal cual, conservando numeración de párrafos y nomenclator originales, la excelente traducción del sevillano Diego López de Cortegana, editada en Sevilla en 1513. Felicísima labor de traslación del original latino (segunda traducción de la obra latina, tras la realizada al italiano por Mateo Boiardo, en 1508) que conserva el perfume ligero y fluido del original (a decir de los latinos, entendidos y críticos, pues que es Carlos García Gual, uno de nuestros más eminentes filólogos clásicos, quien prologa la edición continuamente reeditada en Alianza Editorial). Habiendo leído tres versiones, yo también me acojo a esta preferencia. Se encontrará, eso sí, un cierto estilo secentista; una prosa embebida de nuestro más clásico hontanar, y un aire familiar a Siglo de Oro. Sea como fuere, prosa fácil y divertida, que hace de la fábula una verdadera delicia.
La Fábula de Cupido y Psique es un relato dentro de una narración. Una ya vieja madre de unos ladrones que secuestraran a una doncella el mismo día de su casamiento, que ante el desconsuelo de ésta, intenta consolarla contándole la fabulosa historia de los azarosos amores del dios del amor con una bella mortal. Dentro del corpus de la obra -Las Metamorfosis o el Asno de Oro-, el relato se extiende a lo largo de tres de los once libros que la componen: desde el párrafo [28] del Capítulo V del Libro IV, al párrafo [24] del Capítulo III del Libro VI.
Las ilustraciones, como es costumbre, explotan de forma exhaustiva las vetas existentes en sustratos de estilos comprimidos por el tiempo . Las divido en dos modalidades -que ya se me está convirtiendo en costumbre: a) artes gráficas: eminentemente pintura, pero también grabado o dibujo; y b) artes plásticas: preferentemente escultura, pero también cerámica, y arte suntuario.
En este caso, y dado que la historia se lee bien, los diferentes posts que la completan saldrán de seguido, día a día, dejando el receso al cabo de la entrada final.
La música, a cargo de Monteverdi: un buen repaso a su obra vocal, tanto sacra como, sobre todo, profana.
Espero que lo disfruten.

(continuará)

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LAS METAMORFOSIS o EL ASNO DE ORO
L. Apuleyo
(Traducción de Diego López de Cortegana)

LIBRO IV
Capítulo V
En el cual la vieja madre de los ladrones, conmovida de piedad de las lágrimas de la doncella
que estaba en la cueva presa, le contó una fábula por ocuparla que no llorase.

Fábula de Cupido y Psique (1)

[28] -Érase en una ciudad un rey y una reina, y tenían tres hijas muy hermosas: de las cuales, dos de las mayores, como quiera que eran hermosas y bien dispuestas, podían ser alabadas por loores de hombres; pero la más pequeña, era tanta su hermosura, que no bastan palabras humanas para poder exprimir ni suficientemente alabar su belleza. Muchos de otros reinos y ciudades, a los cuales la fama de su hermosura ayuntaba, espantados con admiración de su tan grande hermosura, donde otra doncella no podía llegar, poniendo sus manos a la boca y los dedos extendidos, así como a la diosa Venus, con sus religiosas adoraciones la honraban y adoraban. Y ya la fama corría por todas las ciudades y regiones cercanas, que ésta era la diosa Venus, la cual nació en el profundo piélago de la mar y el rocío de sus ondas la crió. Y decían asimismo que otra diosa Venus, por influición de las estrellas del cielo, había nacido otra vez, no en la mar, pero en la tierra, conversando con todas las gentes, adornada de flor de virginidad.

[29] De esta manera su opinión procedía de cada día, que ya la fama de ésta era derramada por todas las islas de alrededor en muchas provincias de la tierra: muchos de los mortales venían de luengos caminos, así por la mar como por tierra, a ver este glorioso espectáculo que había nacido en el mundo; ya nadie quería navegar a ver la diosa Venus, que estaba en la ciudad de Paphos, ni tampoco a la isla de Gnido, ni al monte Citerón, donde le solían sacrificar; sus templos eran ya destruidos, sus sacrificios olvidados, sus ceremonias menospreciadas, sus estatuas estaban sin honra ninguna, sus aras y sus altares sucios y cubiertos de ceniza fría. A esta doncella suplicaban todos, y debajo de rostro humano adoraban la majestad de tan gran diosa, y cuando de mañana se levantaba, todos le sacrificaban con sacrificios y manjares, como le sacrificaban a la diosa Venus. Pues cuando iba por la calle o pasaba alguna plaza, todo el pueblo con flores y guirnaldas de rosas le suplicaban y honraban. Esta grande traslación de honras celestiales a una moza mortal encendió muy reciamente de ira a la verdadera diosa Venus, y con mucho enojo, meciendo la cabeza y riñendo entre sí, dijo de esta manera:

[30] «Veis aquí yo, que soy la primera madre de la natura de todas las cosas; yo, que soy principio y nacimiento de todos los elementos; yo, que soy Venus, criadora de todas las cosas que hay en el mundo, ¿soy tratada en tal manera que en la honra de mi majestad haya de tener parte y ser mi aparcera una moza mortal, y que mi nombre, formado y puesto en el cielo, se haya de profanar en suciedades terrenales? ¿Tengo yo de sufrir que tengan en cada parte duda si tengo yo de ser adorada o esta doncella y que haya de tener comunidad conmigo, y que una moza, que ha de morir, tenga mi gesto que piensen que soy yo? Según esto, por demás me juzgó aquel pastor que por mi gran hermosura me prefirió a tales diosas: cuyo juicio y justicia aprobó aquel gran Júpiter; pero ésta, quienquiera que es, que ha robado y usurpado mi honra, no habrá placer de ello: yo le haré que se arrepienta de esto y de su ilícita hermosura.»

Y luego llamó a Cupido, aquel su hijo con alas, que es asaz temerario y osado; el cual, con sus malas costumbres, menospreciada la autoridad pública, armado con saetas y llamas de amor, discurriendo de noche por las casas ajenas, corrompe los casamientos de todos y sin pena ninguna comete tantas maldades que cosa buena no hace. A éste, como quiera que de su propia natura él sea desvergonzado, pedigüeño y destruidor, pero de más de esto ella le encendió más con sus palabras y llevolo a aquella ciudad donde estaba esta doncella, que se llamaba Psiche, y mostrósela,

[31] diciéndole con mucho enojo, gimiendo y casi llorando, toda aquella historia de la semejanza envidiosa de su hermosura, diciéndole en esta manera: «¡Oh hijo!, yo te ruego por el amor que tienes a tu madre, y por las dulces llagas de tus saetas, y por los sabrosos fuegos de tus amores, que tú des cumplida venganza a tu madre: véngala contra la hermosura rebelde y contumaz de esta mujer, y sobre todas las otras cosas has de hacer una, la cual es que esta doncella sea enamorada, de muy ardiente amor, de hombre de poco y bajo estado, al cual la Fortuna no dio dignidad de estado, ni patrimonio, ni salud. Y sea tan bajo que en todo el mundo no halle otro semejante a su miseria.»

Después que Venus hubo hablado esto, besó y abrazó a su hijo y fuese a la ribera de un río que estaba cerca, donde con sus pies hermosos holló el rocío de las ondas de aquel río, y luego se fue a la mar, adonde todas las ninfas de la mar le vinieron a servir y hacer lo que ella quería, como si otro día antes se lo hubiese mandado. Allí vinieron las hijas de Nereo cantando, y el dios Portuno, con su áspera barba del agua de la mar y con su mujer Salacia, y Palemón, que es guiador del Delfín. Después, las compañías de los Tritones, saltando por la mar: unos tocan trompetas y otros trazan un palio de seda por que el Sol, su enemigo, no le tocase; otro pone el espejo delante de los ojos de la señora, de esta manera nadando con sus carros por la mar; todo este ejército acompañó a Venus hasta el mar océano.


[32] Entre tanto, la doncella Psiches, con su hermosura, sola para sí, ningún fruto recibía de ella. Todos la miraban y todos la alababan; pero ninguno que fuese rey ni de sangre real, ni aun siquiera del pueblo, la llegó a pedir, diciendo que se quería casar con ella. Maravillábanse de ver su divina hermosura, pero maravillábanse como quien ve una estatua pulidamente fabricada. Las hermanas mayores, porque eran templadamente hermosas, no eran tanto divulgadas por los pueblos y habían sido desposadas con dos reyes, que las pidieron en casamiento, con los cuales ya estaban casadas y con buena ventura apartadas en su casa; mas esta doncella Psiches estaba en casa del padre, llorando su soledad, y, siendo virgen, era viuda; por la cual causa estaba enferma en el cuerpo y llagada en el corazón; aborrecía en sí su hermosura, como quiera que a todas las gentes pareciese bien. El mezquino padre de esta desventurada hija, sospechando que alguna ira y odio de los dioses celestiales hubiese contra ella, acordó de consultar el oráculo antiguo del dios Apolo, que estaba en la ciudad de Milesia, y con sus sacrificios y ofrendas, suplicó a aquel dios que diese casa y marido a la triste de su hija. Apolo, como quiera que era griego y de nación jonia, por razón del que había fundado aquella ciudad de Milesia, sin embargo respondió en latín estas palabra


[33] «Pondrás esta moza adornada de todo aparato de llanto y luto, como para enterrarla, en una piedra de una alta montaña y déjala allí. No esperes yerno que sea nacido de linaje mortal; mas espéralo fiero y cruel, y venenoso como serpiente: el cual, volando con sus alas, fatiga todas las cosas sobre los cielos, y con sus saetas y llamas doma y enflaquece todas las cosas; al cual, el mismo dios Júpiter teme, y todos los otros dioses se espantan, los ríos y lagos del infierno le temen.» El rey, que siempre fue próspero y favorecido, como oyó este vaticinio y respuesta de su pregunta, triste y de la mala gana tornose para atrás a su casa. El cual dijo y manifestó a su mujer el mandamiento que el dios Apolo había dado a su desdichada suerte, por lo cual lloraron y plañeron algunos días. En esto ya se llegaba el tiempo que había de poner en efecto lo que Apolo mandaba: de manera que comenzaron a aparejar todo lo que la doncella había menester para sus mortales bodas; encendieron la lumbre de las hachas negras con hollín y ceniza, y los instrumentos músicos de las bodas se mudaron en lloro y amargura; los cantares alegres en luto y lloro, y la doncella que se había de casar se limpia las lágrimas con el velo de alegría. De manera que el triste hado de esta casa hacía llorar a toda la ciudad, la cual, como se suele hacer en lloro público, mandó alzar todos los oficios y que no hubiese juicio ni juzgado.

[34] El padre, por la necesidad que tenía de cumplir lo que Apolo había mandado, procuraba de llevar la mezquina de Psiches a la pena que le estaba profetizada: así que, acabada la solemnidad de aquel triste y amargo casamiento, con grandes lloros vino todo el pueblo a acompañar a esta desdichada, que parecía que la llevaban viva a enterrar y que éstas no eran sus bodas, más sus exequias. Los tristes del padre y de la madre, conmovidos de tanto mal, procuraban cuanto podían de alargar el negocio. Y la hija comenzoles a decir y a amonestar de esta manera: «¿Por qué, señores, atormentáis vuestra vejez con tan continuo llorar? ¿Por qué fatigáis vuestro espíritu, que más es mío que vuestro, con tantos aullidos? ¿Por qué arrancáis vuestras honradas canas? ¿Por qué ensuciáis esas caras que yo tengo de honrar, con lágrimas que poco aprovechan? ¿Por qué rompéis en vuestros ojos los míos? ¿Por qué apuñáis a vuestros santos pechos? Éste será el premio y galardón claro y egregio de mi hermosura. Vosotros estáis heridos mortalmente de la envidia y sentís tarde el daño. Cuando las gentes y los pueblos nos honraban y celebraban con divinos honores; cuando todos a una voz me llamaban la nueva diosa Venus, entonces os había de doler y llorar, entonces me habíais ya de tener por muerta: ahora veo y siento que sólo este nombre de Venus ha sido causa de mi muerte; llevadme ya y dejadme ya en aquel risco, donde Apolo mandó: ya yo querría haber acabado estas bodas tan dichosas, ya deseo ver aquel mi generoso marido. ¿Por qué tengo yo de contener aquel que es nacido para destrucción de todo el mundo?»

[35] Acabado de hablar esto, la doncella calló, y como ya venía todo el pueblo para acompañarle, lanzose en medio de ellos y fueron su camino a aquel lugar donde estaba un risco muy alto, encima de aquel monte, encima del cual pusieron la doncella, y allí la dejaron, dejando asimismo con ella las hachas de las bodas, que delante de ella llevaban ardiendo, apagadas con sus lágrimas, y abajadas las cabezas, tornáronse a sus casas. Los mezquinos de sus padres, fatigados de tanta pena, encerráronse en su casa, y cerradas las ventanas, se pusieron en tinieblas perpetuas. Estando Psiches muy temerosa, llorando encima de aquella peña, vino un manso viento de cierzo, y, como quien extiende las faldas, la tomó en su regazo; así, poco a poco, muy mansamente la llevó por aquel valle abajo y la puso en un prado muy verde y hermoso de flores y hierbas, donde la dejó que parecía que no le había tocado.

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GALERÍA

Cupido y Psique

PINTURA, Grabado y Dibujo
1
s XV - s XVII

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The Story of Cupid and Psyche (I) - Jacopo del Sellaio (1441-1493)
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The Story of Cupid and Psyche (II) - Jacopo del Sellaio (1441-1493)
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Psyche recived on Olympus (Conciglio degli Dei), Logia di Psiche - Raphael Sanzio (1517-19)
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The Wedding of Cupid and Psyche, the Banquet of Gods, Logia di Psiche - Giulio Romano / Raphael Sanzio (1526-28)
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File:Giovanni da Udine Venus, Ceres and Juno 01.jpg 
Venus, Ceres and Juno, Logia di Psiche - Govanni da Udine // Cupid Pleads with Jupiter, Logia di Psiche - Raphael Sanzio (1517-19)
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File:Raffael, Loggia di Psiche, Villa Farnesina, Rome 09.jpg File:Raffael, Loggia di Psiche, Villa Farnesina, Rome 06.jpg
Cupid and the Three Graces // Mercury brings to Psyche up to Olympus, Logia di Psiche - Raphael Sanzio (1517-19)
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File:Raffaello Sanzio - Venus and Psyche - WGA18855.jpgFile:Raffael, Loggia di Psiche, Villa Farnesina, Rome 07.jpg
Psyche gives Venus the Vessel// Psyche brings a Vessel up to Venus, Logia di Psiche - Raphael Sanzio (1517-19)
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Mercury, Logia di Psiche - Raphael Sanzio (1517-19)
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The Reception of Psyche into Olympus - Polidoro da Caravaggio (1524)
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The Rustic Banquet of Cupid and Psyche, Sala di Psiche (east wall), Palazzo Te - Giulio Romano (1526-28)
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The Rustic Banquet of Cupid and Psyche (details), Sala di Psiche, Palazzo Te - Giulio Romano (1526-28)
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The Wedding of Cupid and Psyche, Sala di Psiche (south wall), Palazzo Te - Giulio Romano / Raphael Sanzio (1526-28)
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The Rustic Banquet of Cupid and Psyche, Sala di Psiche (south wall), Palazzo Te - Giulio Romano (1526-28)
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Cupid and Psyche (détail), Sala di Psiche, Palazzo Te - Giulio Romano (1526-28)
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Trybute to Apollo (détail), Sala di Psiche, Palazzo Te - Giulio Romano (1526-28)
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Andrea Schiavone (1550)
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The Triumph of Cupid and Psyche - Giulio Bonasone (1560)
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Marriage of Cupid and Psyche - Giorgio Ghisi (1574)
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Marriage of Cupid and Psyche - Diana Scultori (1575)
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Marriage of Cupid and Psyche - Bartholomaeus Spranger (1587)
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Feast of the Gods and Marriage of Cupid and Psyche - Hendrick Goltzius (1587)
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Amor and Psyche - Jacopo Zucchi (1589)
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Amor and Psyche - Jacopo Zucchi (1589)
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Cupid Gazing at Psyche - Abraham Bloemaert (1595)
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Marriage of Cupid and Psyche - Abraham Bloemaert (1595)
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Joseph Heintz (1605-09)
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Cupid and Psyche - Abraham Bloemaert (1566-1651)
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Psyche looking at Cupid - Agostino Musi (after 16th century)
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Psyche in the bath with attendant Nymphs - Agostino Musi (after 16th century
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Jan Harmensz Müller (before 1628)
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Simon Vouet  (1st half of 17th century)
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Simon Vouet  (1st half of 17th century)
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Cupid and Psyche and three Graces - Nicolas Colombel (before 1717)
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Cupid and Psyche - Nicolas Colombel (before 1717)
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Orazio Gentileschi (1628-30)
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Anthony Van Dyck (1639-40)
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Cupid and Psyche - Isaac Beckett (1680-84)
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Psyche and Cupid Bathing (tapestry) - Charles-François Poerson (1684-86)
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Psyche and Cupid Bathing (tapestry) (details) - Charles-François Poerson (1684-86)
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Stygian Dream of Psyche - Michelangelo Palloni (1688)
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The Story of Cupid and Psyche - Luca Giordano (1692-1702)
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Psyche Honoured for the People - Luca Giordano (1692-1702)
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Psyche's Parents offering to Apollo - Luca Giordano (1692-1702)
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Psyche served by Invisible Sprits - Luca Giordano (1692-1702)
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Venus punishing Psyche with a Task - Luca Giordano (1692-1702)
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