miércoles, 17 de abril de 2013

Sobre "La Inteligencia de las Flores" (4) - GALERÍA: Henri Fantín-Latour (Bouqutes 2)





¿Y qué observamos al sorprender en su trabajo a la Naturaleza, 
a la Inteligencia General, al Genio Universal (el nombre poco importa)
en el mundo de las flores? Muchas cosas, y  por no hablar de ellas más que de paso,
pues el asunto se prestaría a un largo estudio, observamos desde luego
que su idea de belleza y de alegría, que sus medios de seducción
y sus gustos estéticos se parecen mucho a los nuestros.
La Inteligencia de las Flores, Cap XXV. Maurice Maeterlinck


La INTELIGENCIA de las FLORES
Maurice Maeterlinck
(Fragmentos)
....."Pero sin duda sería más exacto afirmar que los nuestros son semejantes a los suyos. Porque no es seguro que hayamos inventado una belleza que nos sea propia. Todos nuestros motivos arquitectónicos y musicales, todas nuestras armonías de color y de luz, etc., son directamente tomadas de la naturaleza. Sin evocar el mar, la montaña, los cielos, la noche, los crepúsculos, ¿qué no podría decirse, por ejemplo, sobre la belleza de los árboles? Hablo no solamente del árbol considerado en el bosque, que es una de las fuerza de la tierra, quizá la principal fuente de nuestros instintos, de nuestro sentimiento del universo, sino del árbol en sí, del árbol solitario, cuya verde vejez está cargada de un millar de estaciones. Entre estas impresiones que, sin que lo sepamos, forman el hueco límpido y quizá el fondo de felicidad y de calma de toda nuestra existencia, ¿quién de nosotros no guarda memoria de algunos hermosos árboles? Cuando se ha pasado la mitad de la vida, cuando se llega al término del periodo maravillado, cuando se han agotado casi todos los espectáculos que puedan ofrecer el arte, el genio y el lujo de los siglos y de los hombres, después de haber experimentado y comparado muchas cosas, se vuelve a sencillísimos recuerdos. Éstos levantan en el horizonte purificado dos o tres imágenes inocentes, invariables y frescas, que quisiéramos llevarnos en el último sueño, si es que es verdad que una imagen puede traspasar el umbral que separa nuestros dos mundos. Yo no imagino paraíso, ni vida de ultratumba por espléndida que sea, en que no estuviesen en su sitio tal magnífica haya de la Saint Baume, tal ciprés o tal pino parasolado de Florencia o de una humilde ermita vecina de mi casa, que ofrecen al transeúnte el modelo de todos los grandes movimientos de resistencia necesaria, de valor tranquilo, de empuje, de gravedad, de victoria silenciosa y de perseverancia."
[Cap. XXV]


....."Pero me aparto demasiado; quería notar simplemente, a propósito de la flor, que la Naturaleza, cuando quiere ser bella, cuando quiere agradar, regocijar y mostrarse dichosa, hace a poca diferencia lo que haríamos nosotros si dispusiésemos de sus tesoros. Sé que, al hablar así, hablo un poco como aquel personaje que admiraba que la Providencia hiciese pasar siempre los grandes ríos cerca de las grandes ciudades; pero es difícil considerar estas cosas desde otro punto de vista que el humano. Por tanto, desde ese punto de vista, consideremos que conoceríamos muy pocas señales, muy pocas expresiones de felicidad si no conociésemos la flor. Para juzgar bien su fuerza de alegría y de belleza, hay que habitar un país en que reina en absoluto, como el rincón de Provenza, entre la Siagna y el Loup, donde escribo estas líneas. Aquí es verdaderamente la única soberana de los valles y de las colinas. Los campesinos han perdido la costumbre de cultivar aquí el trigo, como si ya sólo tuviesen que proveer a las necesidades de una humanidad más sutil que se alimentase de perfumes suaves y de ambrosía. Los campos no forman más que un ramillete que se renueva sin cesar, y los pefumes que se suceden parecen danzar la ronda en torno al año azulado. Las anémonas, los alelíes, las mimosas, las violetas, los claveles, los narcisos, los jacintos, los junquillos, las resedas, los jazmines, las tuberosas invaden los días y las noches, los meses de invierno, de estío, de primavera y de otoño. Pero la hora magnífica pertenece a la Rosa de Mayo. Entonces, hasta más allá de donde alcanza la vista, desde las vertientes de las colinas hasta las hondonadas de las llanuras, entre diques de viñas y de olivares, afluyen de todas partes como un río de pétalos del que emergen las casas y los árboles, un río de color que damos a la juventud, a la salud y a la alegría. Diríase que el aroma a la vez cálido y fresco, pero sobre todo espacioso que entreabre el cielo, emana directamente de los manantiales de la beatitud. Los caminos, los senderos están cortados en la pulpa de la flor, en la sustancia misma de los paraísos. Parece que, por primera vez en la vida, tengamos una visión satisfactoria de la felicidad."
[Cap. XXVI]


....."Durante mucho tiempo hemos puesto un orgullo necio en creernos seres milagrosos, únicos y maravillosamente fortuitos, probablemente caídos de otro mundo, sin vínculos ciertos con el resto de la vida, y, en todo caso, dotados de una facultad insólita, incomparable, monstruosa. Es muy preferible no ser tan prodigioso, pues hemos aprendido que los prodigios no tardan en desaparecer en la evolución normal de la naturaleza. Es mucho más consolador que seguimos la misma ruta que el alma de este gran mundo, que tenemos las mismas ideas, las mismas esperanzas, las mismas vicisitudes y casi --a no ser por nuestro sueño específico de justicia y de piedad-- los mismos sentimientos. Es mucho más tranquilizador asegurarse de que empleamos, para mejorar nuestra suerte, para utilizar las fuerzas, las ocasiones, las leyes de la materia, medios exactamente iguales a los que ella emplea para iluminar y ordenar sus regiones insumisas e inconscientes; que no hay otros, que estamos en lo cierto, que estamos bien en nuestro lugar y en nuestra casa en este universo amasado con substancias desconocidas; pero cuyo pensamiento es no impenetrable y hostil, sino análogo o conforme al nuestro."
[Cap. XXIX]



....."Se me figura que no sería muy temerario sostener que no hay seres más o menos inteligentes , sino una inteligencia esparcida, general, una especie de fluido universal que penetra diversamente, según sean buenos o malos conductores del espíritu, los organismos que encuentra. En tal caso, el hombre sería, hasta ahora, en la tierra, el modo de vida que ofrecería menor resistencia a ese fluido que las religiones llaman divino. Nuestros nervios serían los hilos por donde se distribuiría esa electricidad más sutil. Las circunvoluciones de nuestro cerebro formarían en cierta manera la canilla de inducción en que se multiplicaría la fuerza de la corriente; pero esta corriente no sería de otra naturaleza, no procedería de otro origen que lo que pasa por la piedra, por el astro, por la flor o por el animal.
.....Pero misterios son éstos que es ocioso interrogar, puesto que aún no poseemos el órgano que pueda recoger su contestación. Contentémonos con haber observado, fuera de nosotros, ciertas manifestaciones de esa inteligencia. Todo lo que observamos en nosotros mismos es con razón sospechoso: somos juez, y parte a la vez, y estamos demasiado interesados nuestro mundo de ilusiones y de esperanzas magníficas. Pero que el menor indicio exterior nos sea caro y precioso. Los que las flores acaban de ofrecernos son probablemente pequeñísimos, comparados con los que nos dirían las montañas, el mar, las estrellas, si sorprendiéramos el secreto de su vida. Sin embargo, nos permiten presumir, con más seguridad, que el espíritu que anima todas las cosas o se desprende de ellas es de la misma esencia que el que anima a nuestro cuerpo. Si se nos parece, si a él nos parecemos así, si todo lo que se encuentra en nosotros mismos, si emplea nuestros métodos, si tiene nuestras costumbres, nuestras preocupaciones, nuestras tendencias, nuestros deseos hacia la perfección, ¿es ilógico esperar todo lo que esperamos instintivamente, invenciblemente, puesto que es casi seguro que él lo espera también? ¿Es verosímil, cuando hallamos desparramada en la vida tal suma de inteligencia, que esa vida no haga obra de inteligencia, es decir que no persiga un fin de felicidad, de perfección, de victoria, sobre lo que llamamos el mal, la muerte, las tinieblas, la nada, que no es probablemente más que la sombra de su faz o su propio sueño?"
[Cap. XXX, y final de La Inteligencia de las Flores]

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REFLEXIONES al SOCAIRE de La INTELIGENCIA de las FLORES

Reflexión 4: Inteligencia y Belleza

.....¿Es la maravilla atributo de la Belleza? ¿El asombro preámbulo y umbral de lo bello? ¿Participa la emoción de colaboradora necesaria en el reconocimiento de la expresión bella? ¿Puede algo ser bello sin desencadenar en nuestro ánimo el resorte emocional e intelectual que como tal lo considere? ¿Existe lo bello como un absoluto, o es más bien un atributo relativo a quien lo experimenta? ¿Hay una noción de Belleza supra-humana? Todas estas son cuestiones que admiten respuestas diversas, más o menos matizadas, pero, en su mayoría, afirmativas. Lo bello maravilla, causa asombro, emociona, apela a nuestro inelecto que establece inmediatamente analogías con experiencias similares, en su naturaleza convive lo absoluto y lo relativo como huéspedes bien avenidos ora imperando lo uno o lo otro en atención al momento o su manifestación. En cuanto a la posibilidad de concebir la Belleza como un atributo que sobrepaso lo humano, aquí caeríamos en nuestra propia trampa conceptual, pues sólo podemos concebir lo bello desde nuestra experiencia e idiosincrasia humanas; para una tal Belleza supra-humana, no seríamos nosotros quienes pudiésemos establecer sus fundamentos, únicamente seríamos unos pacientes más de su manifestación, mas unos pacientes conscientes de su existencia. Porque, ¿son las flores conscientes de la belleza que atesoran?, ¿realmente la Naturaleza opta por las realizaciones bellas sabiéndolas bellas, siendo consciente del efecto que su existencia tiene sobre los actores necesarios sobre los cuales actúa?  Imagino que para una abeja, la flor no es bella, sino útil, necesaria, sin embargo para nosotros, espectadores de este prodigio de reproducción cruzada, nos parece bello todo el proceso, desde los actores a su representación. Lo que para unos seres es la lucha por su pervivencia, para otros --nosotros-- este carácter dramático se convierte en asombro, en maravilla, en emoción, en reconocimiento de una inteligencia que allí actúa: en unos seres de una determinada forma necesaria, y en otros realizando una demostración, consciente, de poder y fuerza, de belleza.

.....¿Realmente, como parece aventurar Maeterlinck, el ser humano está aquí para dar cuenta de lo que la Naturaleza es y puede; como un testigo privilegiado de la propia obra? ¿Puede que no halla más que lo que parece? ¿Sería suficientemente bello? Lo que de ningún modo yo puedo admitir es una finalidad en la Naturaleza. No, en el sentido ético o utilitarista. La Naturaleza no tiende hacia la Felicidad, la construye. Ofrece modelos, bellos modelos que procuran felicidad. Pero de igual forma construye lo que hemos dado en tildar de Mal o lo malo. ¿Hasta cuando vamos a dejarnos contaminar por nuestros prejuicios? ¿Por qué el sentio de piedad y justicio son catalogados como valores preferibles? Pueden serlo en el ámbito de la humanidad, de las relacione sociales, como actitudes necesarias para el éxito de la especie. Pero ¿alguien puede imaginar una Naturaleza piadosa, compasiva y justa? Sería inviable. A cada uno lo suyo. La inteligencia no presupone justicia ni piedad, como tampoco maldad o fealdad. La inteligencia es una facultad que permite establecer analogías y representaciones, que las combina, que reflexiona a cerca de ellas, que elige entre ellas, etc. pero nunca, nunca, en función de lo bello, ni tan siquiera de lo bueno, sino de la propia utilidad, tenga la connotación que ésta tenga. Unas veces, la opción, el resultado de la actuación inteligente, tendrá como resultado algo bello o bueno, pero en otras ocasiones no será así; sólo hay que echar mano de la historia y la vida cotidiana para nutrir de ejemplos a una y otra vertiente de este aserto. Es más, un creador de lo bello, un artista, pintor, escultor, músico o pintor, al tiempo que es capaz de generar belleza en su mente y a través de su emoción, de comunicarla a sus manos y traspasarla al soporte inerte, puede realizar, en su ámbito cotidiano, personal y social, actos que se alejarían de los considerado bello o bueno, bien como producto del egoísmo, de la envidia, de la avaricia o de la crueldad, en todos los casos debido a motivos que son causa sui, y sin embargo es capaz de generar belleza. ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido, cuando no consternado, con la biografía de alguno de estos creadores de belleza, ante los rincones oscuros y las zonas de sombra de su vida privada?

.....¿Podríamos concluir de esto que la Belleza es un atributo que nada tiene que ver con lo bueno, como han defendido, desde Platón, tantos filo-sofistas? Si esto fuese así, y nada hay que en rigor nos lo refute, nos acercaríamos a una concepción de la Belleza supra-humana, no sometida a los parámetros humanos de bondad y felicidad beatífica (terrible justificación de la existencia del sentimiento de lo bello entre seres abyectos, imbuidos del instinto criminal --véase el caso nazi, pero no sólo: seres capaces de sentir la belleza hasta las lágrimas y no obstante poder cometer los más execrables crímenes, sin tener que cambiar de personalidad).
.....También explicaría la no reciprocidad entre belleza e inteligencia. Me explico: la belleza, su reconocimiento, requiere el concurso de la inteligencia, de esta facultad intelectiva que permita reconocer, en una manifestación dada, la cualidad de lo bello que asombra, maravilla y emociona; en cambio no se produce una reciprocidad en este requerimiento, uno puede actuar inteligentemente sin rozar siquiera lo bello en la obra ejecutada, es más, puede resultar de esta inteligencia algo monstruosamente feo. Con ello nos acercaríamos, también, al concepto amoral de la inteligencia natural, general o como queramos llamarla. Lo que creo que sí podemos afirmar es que lo bello, tanto en el ámbito humano como en el natural, es empleado para atraer, para captar la atención, para interesar; y esta carga positiva de atracción es transversal, quiero decir que si una flor es bella para atraer y llamar la atención de aquellos de quienes se servirá para sus fines, esa belleza también incidirá, por extensión, en los demás seres. Unos la valorarán, se emocionarán con ella (incluso puede que hasta el punto de acabar con la vida de su portadora, al cortarla de su vital tallo para adornar estériles, si bellos, jarrones), y otros, pese a reconocerla bella, sin saberlo, la ignorarán, o, al contrario, se la comerán sin el menor remordimiento.

.....En cuanto a la concepción de Maeterlinck, esa imagen que emplea, spinoziana de partida, de ineligencia esparcida, que se expresa, como un fluido, a través de seres más o menos receptivos a su acción, he de mostrar mi total desacuerdo con la conclusión: la inteligencia no fluye a través de los seres, sino que los crea, formando parte de ellos. Los seres son inteligencia materializada, son inteligencia actuando desde una forma material. No una cosa y otra diferente son materia y espíritu; sino una y la misma cosa (aunque nos duela). Si todo proviene  de la Naturaleza, de Dios, nada hay que esté afuera  y nada puede circunscribirse en un adentro. ¿Es esto existencialismo, materialismo? Me da igual que pueda ser etiquetado así (no me gustan las etiquetas, pero nada puedo hacer para remediar esta tendencia a la simplificación). Mi existencialismo o materialismo va más allá de una concepción cerrada. Ignoro más que lo que sé, obvio es decirlo, pero mi intuición no me deja cometer aberraciones interesadas, simplemente soy consecuente con mi sentimiento. Espíritu y materia, realidad y acaso, sueño y vigilia, todo forma parte indisoluble de lo mismo. Belleza y fealdad, flor, fruto, semilla o raíz, muerte y vida, todo son procesos de esto que llamamos existencia, que incluye, también ese off of the border line que sería la inexisencia desde la cual surgen las nuevas posibilidades de vida. La Naturaleza crea y busca, en última instancia, con igual énfasis la perfección de lo bello y de lo feo, quizá porque para ella ese concepto no tenga las mismas connotaciones que para nosotros (¿olvidamos esos seres repulsivos que pueblan, no nuestras pesadillas, sino los reductos más oscuros de nuestra existencia, seres reales que pululan, que reptan, que se arrastran, seres viscosos, malolientes, más que feos horrorosos, seres que se encargan de limpiar la belleza ya marchita, seres casi microscópicos que portamos sobre nuestro cuerpo, que moran en nuestros suelos, alfombras y tapicerías, seres que viven de la corrupción ajena, de su descomposición,... ¿Nos olvidamos de ellos? ¿Hay una finalidad beatífica en ellos? No, ni la  hay ni puede haberla, así no trabaja la inteligencia de la Naturaleza, la inteligencia de Dios. Dios esta más allá del Bien y del Mal, incluso más allá de la conveniencia de lo Bueno y lo Malo. Si Dios es algo, si Dios es, lo es todo. No cabe otra. Nuestro sentido de la piedad, de la justicia, de la santidad, es eso, nuestro, nos sirve a nosotros, como especie. Nada más.
.....Resumiendo, la inteligencia de las flores me sugiere que si Dios existe, existe con todas las consecuencias, y entre éstas se incluyen, además de las más amables y bellas, las menos agradables a nuestro sentimiento como seres humanos (un Dios que incluiría en su seno la posibilidad de un infierno, con su legión de demonios incluida), algo que me habría valido en otra época expiar mi blasfemo pensamiento en las llamas purificadoras de la hoguera, pero que hoy día no será motivo más que de una piadosa sonrisa o un encogimiento de hombros.

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GALERÍA


Henri Fantin-Latour
1836-1904


FLORITURAS (5)

Otros Bouquets (2)
(1882-1902)
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Bouquets of Flowers, 1882
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Broom and Other Spring Flowers in a Vase, 1882
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Flowers, 1882
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Bouquet of Flowers, Pansies, 1882
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Flowers In A Clay Pot, 1882
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Flowers, Popies, 1883
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Roses and Clematis, 1883
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Roses and Nasturtiums in a Vase, 1883
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Bouquet de Peonies and Iris, 1884
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Hollyhocks without Vase, 1884
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Japanese Anemones, 1884
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Flowers in a Bowl, 1886
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The Rosy Wealth of June, 1886
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Larkspur, 1887
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Mixed Flowers, 1887
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Geraniums, 1888
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Larkspur, 1888
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Roses and Lilies, 1888
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Bouquet of Roses and others Flowers, 1888
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Anemonmes and Buttercups, 1889
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The Flowers of Middle Summer, 1990
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Zinnias, 1991
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Zinnias, 1891
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Basquet of Flowers, 1892
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Hollyhocks, 1892
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Bouquet of Flowers, 1894
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Bouquet of Flowers, 1900
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Flowers, ¿?
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Nasturtiums
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Roses and Nasturtiums
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Sweet in a Vase
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Vase of Flowers
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White Phlox Summer Chrysanthemum and Larkspur
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