sábado, 19 de noviembre de 2016

Lawrence Alma-Tadema y John Godward: clasicismo, mujer y mármol (VI) - GALERÍA: John William Godward (3)






Sugerencia y evidencia en John Godward

.....Cuando la veladura se convierte en ventana a la evidencia; cuando la sugerencia ejerce de resalte y subrayado; cuando lo evidente brota torrencial de lo sugerente; cuando el velo es índice que señala, foco que ilumina, pantalla que exhibe lo que pretendidamente debería esconder; entonces, cuando el medio se convierte en fin desmintiendo su naturaleza, cuando por medio del embozo lo oculto se torna aún más evidente que sin él, ocurre algo parecido a la magia: el observador, dejándose llevar por el "trampantojo" en que se sustancia la veladura, accede a un conocimiento de la figura velada más cierto aún que la misma evidencia desnuda. Y la evidencia desnuda, cuando se muestra con tal grado de mesura y proporción, con tal ausencia de intencionalidad formal, con tanta impasibilidad de líneas puras delineando los límites de la belleza femenina, se convierte a su vez en sugerente velo que encubre, mostrándola, la voluptuosidad de una figura pluscuamperfecta, hecha de idealidad canónica sustanciada en hermosas formas clásicas en las que parece imperar la divina proporción áurea.

.....El erotismo que transmite la obra de Godward es más estético que sensual, se dirige más al espíritu que a las entrañas, está forjado más en sutiles atanores inmateriales que en turgentes hornos de carnalidad. Por eso apela a la veladura de la desnudez y vela la evidencia de la carne. El vehículo de lo clásico proporciona —otra vez— la excusa de la justificación: lo imperecedero, lo intemporal, lo eterno, no está sometido al arbitrio del espasmo o la excitación, no, al menos, a esa satisfacción que vacía en vez de llenar. La sensualidad que emana de las reiteradas —todas igualmente distintas— figuras femeninas tan minuciosa y delicadamente construidas por el diestro pincel del pintor, es una sensualidad —me repito— contenida, serena, apacible; se expresa con una voluptuosidad nada espasmódica, antes bien, es su complacencia aplacadora en lugar de excitante. Por ello, quizás, algunos críticos con su obra la achacan de empecinadamente sosa, demasiado reiterada en un ensimismamiento que poco comunica. Este extremo será cierto para quien busca fuegos artificiales y montañas rusas en sus emociones; pero para aquellos que anhelan más el arrobo y el embelesamiento que el jadeo y el estertor; para quienes prefieren la respiración profunda, suspendida, apenas perceptible, antes que la respiración agitada y entrecortada; antes el silencio contemplativo que el gruñido desenfrenado; para esos, la replicada búsqueda de la bella femineidad de Godward les parecerá algo así como una inmersión en el desarrollo fractal de lo bello femenino.

.....Un torbellino de belleza serena que no se resuelve en vértigo sino en sosegado gozo, en plácido regocijo, en quieto temblor, en calmo placer. Y parte del todo, por la proporción, la culpa de esta armoniosa impresión acaso sea cosa de geometría, perspectiva, color,... todo en feliz amalgama. Nada destaca, todo se equilibra, para dar sensación de balance entre forma, cromatismo y sentido. Equilibrio que el pintor consigue, prodigioso, conjugando la forma contenida, perfecta en su diseño, medida en su perfil, con el color más puro exento de contención, prodigado en gasas vaporosas, en flores y vegetación vívidas —casi vivas—, y cielo y horizontes imposibles, solidificado en mármoles evocadores —ese fantasioso sueño de la soterrada piedra arrancado a las entrañas de la tierra. Forma y color como polos magnéticos entre los cuales cobra vida la belleza plena de armonía. Forma y color dando sentido a la expresión tranquila. Emoción convocada a la llamada de la emoción, una emoción colocada ahí por el artista: la emoción de un sentimiento fraguado en un alma atormentada por el empeño en la búsqueda, hallazgo y exhibición de la belleza aquilatada en la mujer. Emoción irradiada desde el corazón diamantino de la cristalización de un anhelo: recrear belleza. Sentimiento traspasado al lienzo como forma y color, en sus justas, milagrosas, proporciones. Desde la serenidad de un ritmo cromático cadencioso, de una melodía figurativa repetitiva, de una sonoridad reiterada en trescientas variaciones, Godward construye su firmamento de forma y color, su catálogo de estrellas clásicas suspendidas entre los cuadrados o curvos márgenes de sus cuadros, con tal solicitud y meticulosidad como la que pudiera imaginarse en un Dios creador agobiado por su propio sentimiento de soledad, abrumado por el incontenible anhelo de una belleza presentida.

.....Y vela sus estrellas para mejor sugerir las maravillas que contienen: fiándolas a la imaginación del observador, a cada cual según su interés y necesidad, a cada cual según sus expectativas. Desde la idealización de la forma y la apariencia, desde el semblante armonioso, desde el vívido color, la belleza moradora en la mujer nos habla, quizás en susurros, tal vez en un quedo murmullo, para transmitirnos la esencia de su naturaleza. Y esto lo constatamos especialmente en A Fair Reflection, en The Tambourine Girl, en Girl with Mirror, en Athenais o en Preparing for the Bath. En estas cinco obras está explícita la concepción de la belleza en el pintor, y de por qué esta belleza para ser total, para transmitir con fidelidad no sólo la realidad aparente, sino también, y más importante, la realidad transparente en que se sustancia Lo Bello es preciso velarla sutilmente con una gasa sugerente, que encubra tenuemente para resaltar, que subraye cromáticamente para delatar, como esos valiosos regalos, joyas exclusivas, que se arropan someramente en papel Manila o papel de seda. El vislumbre es lo que dispara la imaginación y desata la emoción, mucho más intensamente que la simple observación de lo explícito. En lo explícito, en lo evidente, la apariencia se enseñorea de la contemplación; lo transparente queda relegado, subsumido, anulado. Con ello se nos hurta una más plena satisfacción, una satisfacción más intelectual, una que relaciona la carne con el espíritu en una síntesis casi mística, capaz de diluir la frontera entre lo material y lo inmaterial, capaz de hacernos sentir que, en realidad, la frontera no existe y que todo es uno: materia y espíritu, goce intelectual y placer físico, mientras no se consideren excluyentes; mientras uno sea consciente de no ser reduccionista, al menos en lo tocante a las emociones y las sensaciones suscitadas por la belleza.

.....Sugerencia y evidencia, juego del escondite entre lo erótico y lo estético, por medio del cual el alma humana es capaz de percibir lo inconmensurable, lo eterno, que palpita en lo bello, en ese su incesante recrearse. Y con ello la conciencia es una fiesta de forma, de color y de sentido, desde la figuración incomparable, serena, clásica, divina, de la mujer. Esto nos legó Godward con su obra.



A JOHN GODWARD
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Ante la nada del lienzo
el artista se ensimisma:
una enésima faceta
de la gema diamantina
que es la belleza, en su mente
se abre paso, intensa brilla;
la voluntad la captura
y, apresándola, la fija.
Demiurgo, con el pincel,
el pintor someras líneas,
al conjuro de su genio,
dibuja después precisas;
y sobre éstas el color
en varias capas aplica:
el plano toma volumen,
lo inerte conquista vida.
De la nada una figura,
remedando aquella bíblica,
surge cual Eva de Adán,
el pigmento cual arcilla:
acaso en su desnudez,
acaso una muselina,
tenue, muestre lo que encubre:
la belleza curvilínea
del cuerpo de la mujer,
tan reiterada y distinta,
tan variada como idéntica
en su esencia femenina.
En clasicismo enmarcada,
de clasicismo vestida,
la figura imaginada
al fin se materializa.
Ensimismado, el demiurgo,
su obra observa, la calibra,
y concluye que el intento
sólo en parte se aproxima
al poliédrico fulgor
de la mujer diamantina
que en su mente se refleja
de forma tan distintiva.



GALERÍA



John  William Godward
1861-1922


LA MUJER CLÁSICA: LA MUJER DE PIE EN CUERPO ENTERO

VELADAS SUGERENCIAS

John William Godward - A Greek Beauty, 1905
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John William Godward - A Pompeian Lady, 1916
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John William Godward - Beauty in a Marble Room, 1894
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John William Godward - Beauty in a Marble Room, 1894 (detail)
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John William Godward - Cestilia, 1919
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John William Godward - The Trysting Place, 1907
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John William Godward - He Loves Me, He Loves Me Not, 1896
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John William Godward - He Loves Me, He Loves Me Not, 1896
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John William Godward - The Peacock Fan, 1912
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John William Godward - At the garden door
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John William Godward - In the Grove of the Temple of Isis, 1915
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John William Godward - In the Grove of the Temple of Isis, 1915
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John William Godward - Soft Falls the Eventide, 1916
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John William Godward - The Priestess (study)
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John William Godward - The Priestess
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John William Godward - The Priestess
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DESNUDEZ VELADA

John William Godward - A Fair Reflection
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John William Godward - After the Bath (study), 1903
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John William Godward - An Offering to Venus, 1912
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John William Godward - Athenais, 1908
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John William Godward - Girl with a Mirror
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John William Godward - Girl With a Tambourine
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John William Godward - In the Tepidarium (study)
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John William Godward - Preparing for the Bath, 1900
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John William Godward - Preparing for the Bath, 1900
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John William Godward - The Necklace, 1914
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John William Godward - The Tambourine Girl, 1906
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John William Godward - The Tambourine Girl, 1906
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John William Godward - The New Perfume, 1914
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John William Godward - The Jewel Box (also known as A precious Gift), 1905
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John William Godward - The Jewel Box (also known as A precious Gift), 1905
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DIVINA DESNUDEZ

John William Godward - A Pompeian Bath
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John William Godward - A Pompeian Bath
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John William Godward - A Priestess
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John William Godward - A Priestess
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John William Godward - Campaspe (study), 1896
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John William Godward - Campaspe (study) and final version, 1896
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John William Godward - Campaspe (study), 1896
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John William Godward - Campaspe, 1896
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John William Godward - In the Tepidarium
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John William Godward - In the Tepidarium (detail)
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John William Godward - Venus Binding Her Hair
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John William Godward - Venus Binding Her Hair
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John William Godward - Venus Binding Her Hair (detail)
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John William Godward - Venus in the Bath, 1901
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John William Godward - At the Thermae, 1909
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John William Godward - Nude Study
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DESNUDEZ CUBIERTA

John William Godward - A Mouse in the Work Basket, 1893
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John William Godward - An Idle Hour, 1890
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John William Godward - At the Garden Shrine, Pompeii, 1892
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John William Godward - At the Garden Shrine, Pompeii, 1892
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John William Godward - At the Gate of the Temple. 1898
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John William Godward - At the Gate of the Temple. 1898
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John William Godward - Clymene, 1892
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John William Godward - His Birthday Gift, 1889
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John William Godward - Ianthe, 1889
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John William Godward - Ianthe, 1889
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John William Godward - Idle Thoughts, 1898
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John William Godward - The Bouquet. 1899
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 John William Godward - The Bouquet. 1899
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John William Godward - Well Done Kitsch. Pompeian Lady
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John William Godward - La Pensierosa, 1913
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John William Godward - Lesbia with her Sparrow, 1916
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John William Godward - On the Balcony, 1911
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John William Godward - Rich Gifts Wax Poor When Lovers Prove Unkind (1916)
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John William Godward - Tender Thoughts
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John William Godward - The Broken Vase, 1889
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John William Godward - The Flowers of Venus, 1890
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John William Godward - Leaning on the Balcony, 1892
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John William Godward - Looking Out at Sea, 1918
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John William Godward - Young Girl Picking Grapes
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John William Godward - In Expectation, 1892
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John William Godward - Going to the Well
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John William Godward - A Winter's Morning, 1900
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John William Godward - The Engagement Ring, 1891
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John William Godward - The Sweet Siesta of a Summer Day
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John William Godward - Waiting for the procession
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John William Godward - Youth and Time, 1901
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John William Godward - The Old Old Story, 1903
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John William Godward - Waiting for an Answer
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John William Godward - Yes or No, 1893
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John William Godward - Outside the Gate of Pompeii, 1905
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